Consejos a la hora de efectuar el disparo

Postura:

.- Explicaremos aquí la postura general aplicable más o menos a todos los tiradores. A partir de esta postura general, cada tirador debe hacer pequeñas modificaciones para adaptarla a la estructura física de su cuerpo. No será igual la postura para un tirador diestro cuyo ojo maestro sea el derecho que la postura para otro cuyo ojo maestro sea el izquierdo. Del mismo modo, la postura para un tirador alto y delgado será algo distinta de la de un tirador bajo y musculoso, cuyo centro de gravedad estará mucho más bajo.

En general, existen tres tipos básicos de postura: La postura de frente al blanco, la diagonal con respecto al blanco y la de perfil al blanco. Hasta hace algunos años, se tenía por correcta la postura diagonal con respecto al blanco, a pesar de que los estudios sobre la estructura ósea y muscular del cuerpo, e incluso estudios de fuerzas físicas demostraban que la postura más correcta debería ser una postura más cercana a la de perfil que a la diagonal.

El motivo que se utilizaba para elegir una postura diagonal era meramente intuitivo. Se tachaba de mala la postura de frente al blanco, ya que carga excesivamente el peso sobre el hombro, y de igual modo se tachaba de mala una postura totalmente de perfil ya que obliga al cuello a una ligera tensión y esto puede dificultar en cierta medida la llegada de oxígeno al cerebro al presionar la carótida que pasa por el cuello para llevar sangre rica en oxígeno al cerebro. Una reducción de oxígeno, aunque sea pequeña, dificulta el disparo.

Esto sin embargo, puede ser cierto en una postura totalmente de perfil, en cambio, en el momento que añadimos un ligero ángulo, se evita este problema y la base de sustentación que da muy mejorada. Es decir, los estudios anatómicos demuestran que la postura ideal estaría basada en la de perfil, añadiendo un pequeño ángulo para evitar la tensión sobre el cuello.

En general, lo primero que debe cumplir una postura es que sea cómoda y capaz de ser mantenida durante un período muy prolongado de tiempo. Pensemos por ejemplo en una tirada de Pistola Libre, donde deberemos mantener la misma postura durante mucho tiempo sin sentir cansancio al final de la prueba.

La mano izquierda, (o la derecha en el caso de los tiradores zurdos), debe tener un buen apoyo. En ningún caso debe estar colgando, sino que estará fija en algún sitio como el pantalón, el bolsillo del pantalón o algún bolsillo lateral en el caso de que estemos utilizando una chaqueta o chaleco.

En cuanto a los pies, dentro de ciertos límites se considera como buena una abertura más o menos igual a la anchura de los hombros, lo que garantizará un buen equilibrio. La única excepción para esto deberían ser las pruebas de velocidad en las que los pies deben estar un poco más separados de lo normal para favorecer el giro de la cintura.

El peso del cuerpo debe estar bien repartido entre ambas piernas, y el tronco ligeramente hacia atrás para compensar el peso del arma y aliviar al mismo tiempo la tensión sobre los deltoides.


EMPUÑADURA:

.- Si bien es un elemento de gran importancia dentro del tiro de competición, tampoco debería ser llevado a los extremos que se pueden encontrar en algunos tiradores para los cuales cada error que se comete es debido a la empuñadura.

Debe ser ante todo cómoda, sin aristas pronunciadas y capaz de ser empuñada siempre de la misma forma. Un buen apoyo para el dedo pulgar también es de una importancia primordial. Este dedo no debe ejercer ningún tipo de presión, por lo que un buen apoyo para el mismo nos evitará muchos de los impactos altos y a la derecha que a veces nos encontramos sin motivo aparente en nuestras dianas.

La empuñadura debe estar preparada de tal manera que cuando levantemos el brazo, una vez puestos en la posición de tiro, las miras salgan alineadas o prácticamente alineadas. Los dedos no deben enroscar completamente la culata, ya que esto nos puede dar algunos errores por presiones a la hora de disparar.

En cuanto a la presión que debemos ejercer sobre ella, depende de cada modalidad, por lo que en cada capítulo dedicado especialmente a cada una de las modalidades hablaremos de ello por separado. Como regla general se acepta que la presión de agarre sobre la empuñadura es directamente proporcional a la presión a la que tengamos el disparador, de esta manera la pistola libre requeriría mucha menos presión sobre la culata que el grueso calibre, aunque como explicamos en el apartado de pistola libre existen diversas teorías sobre esto.


RESPIRACIÓN:

.- El disparo debe efectuarse en apnea. El proceso respiratorio para realizar un disparo sería por tanto el siguiente: Estamos con el arma apoyada descansando a medida que respiramos normalmente teniendo cuidado de realizar una respiración abdominal, es decir; por una extensión del abdomen y no sólo de los pulmones y de inspirar el aire por la nariz y expulsarlo por la boca. Esta respiración nos sirve para para relajarnos ya que no debemos olvidar que la respiración abdominal es la base de todos los sistemas de relajación y preparación mental, y al mismo tiempo debemos ir concentrándonos en lo que haremos a continuación, e incluso visualizando mentalmente los pasos del disparo.

Bien, una vez que hemos realizado suficientes respiraciones abdominales y que nos sentimos suficientemente preparados para efectuar el disparo, llega la hora de subir el brazo, movimiento que debe estar acompañado de una inspiración de aire quizá algo más amplia que las anteriores, con los elementos de puntería ya centrados sobrepasamos la zona del negro hacia arriba para dejar caer el brazo a medida que vamos expulsando el aire que habíamos retenido. Este movimiento es importante, ya que el hecho de bajar el brazo acompañado de una expulsión de aire parece tener una acción relajante sobre los músculos del brazo disminuyendo las oscilaciones de los mismos.

Algunos tiradores consideran beneficioso el realizar una segunda inspiración, esta vez mas pequeña, volviendo a sobrepasar la zona un poco para luego dejar caer el brazo a medida que expulsamos el aire y colocamos el arma en la zona de disparo debajo del negro. Una vez allí, y en apnea debemos efectuar el disparo ejerciendo poco a poco presión sobre el disparador sin brusquedades.

Modernamente se considera que es mejor realizar esa apnea a media capacidad pulmonar, y no expulsando todo el aire. De esta manera, una vez que levantamos el arma con una inspiración, debemos dejar que la elasticidad natural de los pulmones expulse el aire y no intentar forzarlos para expulsar el máximo volumen de aire posible.

Si una vez que hemos iniciado la apnea el disparo no sale de seis a ocho segundos, debemos bajar el brazo e iniciar todo el proceso de nuevo. No nos debemos dejar confundir aquí si vemos que el brazo está lo suficientemente parado o si vemos que tenemos el suficiente poder de concentración para seguir intentándolo por encima de ese tiempo. El problema no está en los músculos del brazo o en el poder de concentración, sino que principalmente está en la cantidad de oxígeno que llega al cerebro, y después de ese tiempo no parece en condiciones de intentar un disparo con garantías.


ELEMENTOS DE PUNTERÍA:

La configuración de los elementos de puntería es una cuestión de gran importancia en el tiro deportivo. En general se puede aceptar como bueno un punto que tenga más o menos la anchura aparente del negro, dependiendo de la parada del tirador. Un punto ancho nos dará más seguridad y nos ayudará a mantener la vista fija en las miras, aunque nos dará menos precisión. Cuando hay mucha luz es conveniente utilizar menos hueco entre el punto y las alzas, mientras que en el caso opuesto, es decir; si hay luz pobre, suele ser conveniente dejar algo más de luz entre el punto y las alzas para que no se nos canse la vista demasiado.

En general, la elección del punto de mira es una cuestión que muchas veces depende más del gusto personal de cada tirador que de otra cosa. Se trata de elegir un punto lo suficientemente ancho como para que nos de seguridad, pero que al mismo tiempo no nos quite precisión, antes que un punto estrecho que nos dará mucha precisión, pero que nos dará inseguridad a la hora del disparo a no ser que contemos con una parada excelente, y que nos cansará la vista pronto. En el caso de un tirador que este empezando, o que no disponga de una parada demasiado buena, creemos que es más conveniente un punto ancho, ya que la seguridad que nos dará, será en muchos casos superior a la precisión que perderemos con él.

En cuanto a la forma de las alzas, es también una cuestión de preferencia personal, aunque la mayor parte de los tiradores utilizan la tradicional forma rectangular, también se utiliza con éxito las miras en forma de "U". En nuestra opinión, creemos que este tipo de miras es más recomendable en algunos casos, ya que indica mejor si las miras están perfectamente alineadas con el punto o no.


EL DISPARO:

Debemos de tener en cuenta que en las modalidades de precisión hay tres operaciones básicas que hay que realizar. La parada inmóvil del arma, la puntería y la salida del disparo. Si tuviéramos que realizar estas tres operaciones por separado, el éxito en el tiro no sería ningún secreto, ya que nuestra mente consciente se encargaría de realizarlas a las mil maravillas. Sin embargo, el problema viene en el hecho de que estas tres operaciones han de ser ejecutadas simultáneamente, y nuestra mente consciente no es capaz de realizar más de una operación al mismo tiempo, con lo que estas operaciones deben ser realizadas por el subconsciente. El tirador que llegue a este estado conseguirá buenos resultados en cualquier tipo de condiciones, se trataría de que nuestro cerebro mandase una orden al dedo de ejecutar el disparo en el momento en que las miras estuvieran totalmente alineadas y nuestro brazo tuviera un mínimo de oscilaciones, y esta orden se realizaría de manera inconsciente.

Es decir, se trataría del célebre reflejo ojo-dedo del que todos hemos oído hablar alguna vez, y que por otra parte no requiere nada especial para desarrollarse.

Para llegar a obtener este reflejo el único secreto es el entrenamiento duro y metódico. Conviene al principio entrenar los tres elementos por separado, (los ejercicios descritos en el apartado de ejercicios de tiro tienen como objeto una separación de estas operaciones para luego unirlas en el subconsciente).

Al principio, por tanto, empezaremos a entrenar con ejercicios dedicados a reducir las oscilaciones del brazo, y a conseguir algo parecido a la inmovilidad perfecta, después, una vez conseguido reducir las oscilaciones del brazo empezaremos a trabajar sobre la salida del disparo. Al principio no nos ocuparemos demasiado de la posición del arma, sino que nos concentraremos en ejercer la presión correcta sobre el disparador para grabarla en nuestra mente.

Una vez dominado este ejercicio, el tirador empezará a disparar en polígono, pero sin ocuparse de contar los puntos que está consiguiendo, sino de realizar todo el proceso lo más perfecto que pueda.

Un elemento que debemos tener en cuenta aquí es que en el momento que tengamos una parada perfecta el disparo no se producirá, y de ahí el agarrotamiento del dedo índice precisamente cuando mejor estamos parando. Esto es debido a que la orden de accionar el disparador llega al dedo por medio de un impulso nervioso, y si tenemos una parada perfecta, estamos inhibiendo los centros nerviosos receptores del dedo, y para disparar debemos activarlos con lo que si queremos imponerlo mandaremos un influjo perjudicial para el resto del brazo provocando movimientos que a veces no sabemos de dónde proceden.

Todo el problema consiste en que con la parada conseguimos un equilibrio pasivo, y en el momento del disparo necesitamos un equilibrio activo, con lo que el cuerpo no puede romper esa situación sin movimientos bruscos, de ahí los métodos de disparo denominados "de alto rendimiento" en el apartado de pistola libre.

Una vez que el proyectil ha abandonado el cañón, el proceso de disparo aún no ha acabado, sino que se debe mantener el arma en posición durante unos dos segundos. Esto cumple la función de evitar tiros bajos por culpa de un relajamiento prematuro de los músculos del brazo, y además nos ayudará a identificar el punto de impacto del proyectil y los errores que hayamos podido cometer una vez que tengamos dominada esta operación.


LA COMPETICIÓN:

La competición es la parte culminante del entrenamiento del tirador. Aquí es donde de verdad veremos si el sistema de entrenamiento que estábamos utilizando era o no el adecuado, y si de verdad nos hemos preparado bien para la misma. Es muy frecuente encontrar gran cantidad de tiradores que al finalizar una competición ponen gran número de excusas por su resultado. Los resultados no mienten, a un mal resultado hay que buscarle razones, no excusas, además no hay que disculparse ante nadie por haber conseguido un resultado inferior al que podíamos haber conseguido. En vez de buscar disculpas debemos analizar con calma lo que ha pasado e intentar evitarlo para la próxima vez, pero con calma, si eliminamos ese sentimiento de culpabilidad de nuestras cabezas, nos evitaremos muchos disgustos en nuestra andadura deportiva. Ante todo no hay que descorazonarse, todo tirador ha pensado mil veces en que lo debería de dejar, pero son precisamente los que siguen en contra de cualquier problema los que llegan a la cima.

El calendario de competiciones debe estar bien preparado, planificando bien las competiciones mas importantes para hacer una preparación especial de cara a ellas, ya que no es posible el estar perfectamente entrenado durante todo el año, y teniendo cuidado de añadir un pequeño descanso después de la competición para no "quemarse".

Una vez en la competición, la primera serie no debe ser excesivamente larga, ya que se trata simplemente de corregir el arma, no de calentar, no hay que olvidar que el calentamiento ya debe haberse realizado antes de empezar la prueba. No conviene mirar los primeros disparos de la diana de prueba, si los vamos mirando uno a uno, es posible que si cometemos un tiro alto al siguiente inconscientemente apuntemos un poco más abajo para compensar, debemos por el contrario disparar cuatro o cinco disparos sin mirar el punto de impacto, y luego mirar la diana para ver la agrupación. Muchos tiradores consideran que es conveniente no dejar ningún tipo de descanso entre la prueba y la primera serie.

Debemos tener en cuenta que el primer disparo de la primera serie tiene una importancia psicológica especial, hay que procurar hacerlo con gran interés. En general toda la primera serie tiene gran importancia, es junto a la última, la que más tensión acumula, y el resultado final dependerá en cierta medida de ella. Se suele decir que si la primera serie es buena la tirada podrá ser buena, pero que si la primera serie es mala, el resultado será como mucho mediocre. Esto se hace realidad en un número muy elevado de casos: Si la primera serie es buena ya vamos con puntos ganados sobre nuestra media, con lo que se tira mucho más relajado y la tirada tendrá muchas más posibilidades de ser buena. En cambio, si la primera serie es mala, al ir con puntos perdidos se acumula tensión, y sin quererlo tendemos a hundirnos, lo que repercutirá en el resultado final.

El ritmo de tiro debe variar según las condiciones, en teoría debería ser parecido al que realizamos en los entrenamientos, pero en la práctica la tensión nos hace tirar más despacio en las competiciones, con lo que debemos tener cuidado con el tiempo para no andar apurados al final de la tirada. Como regla general, parece que cuando estamos tirando bien tiramos rápido y el disparo sale fácil, y por el contrario cuando tenemos dificultades tendemos a tirar mucho más despacio. No se puede dar un ritmo de disparo ideal para todo el mundo, ya que cada tirador es diferente, y será por tanto él mismo el que tenga que buscar su ritmo particular.

Existen algunos tiradores, incluso está escrito en algunos libros, que recomiendan no mirar por el catalejo durante la tirada, o mirar lo menos posible. Esto en nuestra opinión es erróneo, se debe mirar cada disparo, o casi todos, y apuntar el punto de impacto de cada uno de ellos, para poder ver la agrupación y estudiarla más tarde, y así poder detectar posibles errores sistemáticos que podamos estar cometiendo. Como mucho se puede dejar de mirar el quinto disparo de cada serie por ejemplo, aunque creemos que se debería apuntar todos y cada uno de los disparos, ya que los árbitros también son humanos, y aunque es raro pues suelen cumplir bien su labor, también pueden equivocarse, y un punto puede costarnos un campeonato. Si no tenemos a alguien detrás de nosotros apuntando la tirada, podemos utilizar varios métodos para evitar llevar puntuaciones en la cabeza que podrían distraernos.

Un método de entre los muchos posibles que pueden utilizarse consistiría en marcar sobre una diana de neumática la posición exacta de cada disparo con un alfiler, con lo que al final de la tirada, si miramos al trasluz veremos la agrupación de toda la tirada.

Algunos tiradores utilizan un método parecido que consiste en clavar un alfiler de cabeza gorda en el punto exacto de cada disparo. Además, cada alfiler tendría un color distinto según la serie a la que corresponda. Así por ejemplo la serie primera podría tener cabeza amarilla, la segunda verde etc. Este método tiene sin embargo el inconveniente de que es mucho más aparatoso que es anterior y que no se puede archivar y almacenar con anteriores tiradas como en el caso anterior en el que tan sólo se guarda una pequeña diana de neumática, en la que tendremos la información no sólo de los puntos que hemos obtenido, sino también la agrupación de la tirada, número de disparos en cada anillo etc.

Se puede tener también a mano una cajita con dos compartimentos, en uno de ellos meteremos un balín o una piedrecita por cada diez que metamos, y en el otro haremos lo mismo por cada ocho que hagamos,(si es un siete se meterán dos balines y así sucesivamente), con lo que al final de la tirada podremos saber los puntos realizados por diferencia entre los dos compartimentos.

En general, cualquier tirador poniéndole un poco de imaginación puede idear el procedimiento que mejor le convenga, ya que las posibilidades son poco menos que ilimitadas.

No debemos olvidarnos del otro enemigo público número uno del tirador durante la competición: La última serie. Esta serie tiene una importancia vital, y sobre todo el último disparo. Casi todos hemos experimentado alguna vez la tensión que representa el estar tirando para un primer puesto, a cualquier nivel, o para batir un récord y no poder sacar el último disparo. Cuando esto ocurre, debemos intentar olvidarnos de que es el último disparo y del primer puesto que vamos a conseguir, e intentar actuar como si fuera un disparo más. Sobre todo no precipitarse, hay que intentar esperar por ese disparo sin perder la paciencia hasta que las condiciones de tiro sean las óptimas, y entonces disparar.

Fuente:Club de Tiro Olimpico Arteixo

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